Ir al contenido principal

Rutinas. Instructivo N°7

Ella caminando, a mí costado su brazo y fría mano penetraba por debajo del abrigo que picaba en mi cuello. Nublado y gris día. En ese instante éramos irrenunciables, en ése momento la eternidad de nuestros sueños dormía entre su cuerpo y el mío y todo lo que giraba en torno a nuestros ojos era un mundo perfecto, soñado para ellos, nosotros, los de ése entonces, los amantes.

De pronto se manifestó cómo por acto mágico un beso, besos y labios, lengua, saliva y todo aquello que moldea un acto, que en algún momento en otro tiempo fue respiración de otra boca, fue parte de otra cosa que sostenía o unía o brillaba o tan sólo nunca fue parte de algo o de nada o de alguien y sólo existía en el aire, para el azar, para otros, para el olvido. O simplemente el caos y la perfección del universo y todo lo que en el se mueve lo puso en ese perfecto y caótico lugar, en ese tiempo que giró por mí, para mis labios.

Íbamos por la calle o la vereda, por el puente, al final del otro lado en donde vendían algodones de azúcar. Siempre comias uno y tus dedos largos y pálidos por el frío, pilliscaban los bordes del manojo rosado cristalino que ocultaba tu rostro, tus ojos jugaban a darme en mi boca trozos de azúcar, cómo cabellos suaves que caían por tu cuello, ése dulzor detrás de tus orejas, entre esa azúcar aireada y tú, eran el perfume perfecto.
Al borde del horizonte a lo lejos se veía caminar la tarde, venía con esperanzas, sueños, y en el fondo nuestras miradas se perdían entre nubes rojas anaranjadas.

Llegábamos a nuestra habitación, a nuestra cama de una plaza y las frazadas rotas, el vino a media botella se dejaba caer sobre dos copas, yo sentado en el borde de la cama, miraba tu cuerpo quitándose la ropa fría. Tus ojos ya desnudos frente al espejo rompían el silencio y te ponías a cantar entre labios y dientes, tomabas tú copa y la otra mano se acariciaba por el borde la silueta que mis manos querían.
Una noche fría, el vino, tu cuerpo, el mío, las frazadas rotas, el catre de bronce y Buenos Aires nocturno al otro lado de la ventana. Reíamos, cantábamos, soñábamos, a ratos me levantaba, comía algo de queso o pan sobre la mesa cuadrada, coja, con migajas sobre la superficie, de pronto te ponías de pie, desnuda en el torso y pasabas al baño, la puerta entre abierta, yo comiendo.
El vino, la noche, la eternidad, la verdad de ése momento, nosotros, los del olvido, los ese entonces, tus ojos dormilones y la noche pasando afuera de nuestra ventana, el tango y la vida danzando en el girar del palito que sostiene el algodón de azúcar. Se diluye la dulzura del rosado de tus labios, los míos ahora saben amargos, mí copa, la cama, y todo aquello que acontecia cómo acto mágico se quita el sombrero, la función a terminando.

                                  Fin

Autor: Francisco Muñoz Vega - Francesco Muga.

Entradas más populares de este blog

Creencias

En la historia de la humanidad en todos los lugares del mundo siempre estuvimos ligados a una "verdad" impuesta y creada por nosotros mismos con el fin de aceptar nuestro destino, darle un sentido a nuestra existencia o bien manipular las mentes de las personas. La aceptación de la muerte cómo un final absoluto o bien la continuidad de la vida en otro plano y todas estas preguntas que nos mantienen en la constante búsqueda de una "verdad" nos a llevado a seguir distintas corrientes (creencias). Estas creencias impuestas en ti por la sociedad en la cual naciste son las reglas de tu vida y por la misma situación somos víctimas de nuestros propios pensamientos. Todo lo que eres en la actualidad es debido a la información impuesta en tu memoria, la memoria conectada a la mente es quien determina tu comportamiento, así cómo un automóvil se comporta de acuerdo a su diseño y mecánica también tu te comportas de acuerdo a cómo crees que tu entorno te ve. La información b...

Ocaso a contra luz

En éste  escondrijo el mar se superpone al sol susurra el viento entre los elementos los ojos se investigan las  sombras que no llegan perdidos en el naufragio que no atraca en este cielo se consolida la tarde las huellas buscan sus pies húmedos se confunden se tropiezan se crea la vida se tocan se besan se odian se estropean El viento y su rebobinar de cuerpos golpean el suelo arenoso y de la misma tierra y del mismo beso y del mismo odio y entre tanta confusión se derrotaron los sueños que no durmieron.

The End

Cuando tu voz sea silenciada y tus palabras no pueda escribir y tus sueños pierdan los ojos y tus manos el acto de el tacto y el tormento se vuelva sutilmente saludable y los demonios y ángeles se duerman junto a ti No temas no estás perdido no contenga la respiración pues ya no respiras no vivas pues no lo estás no busques pues no están Pasó de pronto y sin darte cuenta pasó de pronto y nadie te dijo pasó y te llevó pasó y te durmió Tiernamente se acurruco a mi lado  y con una canción en mi oído una mano en mí cabeza y su mirada delicada me dijo: soy tu muerte, ven y duerme, pues cuidaré de tu ilusión. -Francesco Muga-